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¿En qué momento tienen que empezar con el hábito de estudio?


La respuesta es clara: en el momento en que lo necesiten. Si todo va bien, con buenos resultados y sin agobios, lo mejor es dejar estar y no arreglar lo que no está estropeado.


En la etapa de Primaria la prioridad es el juego, que es la forma en que descubren el mundo. Ya están un montón de horas diarias en el centro escolar y es suficiente con que cumplan con las tareas que le marcan desde el cole.


Si a mayores añadimos un tiempo de estudio preventivo, forzado creamos dos problemas. Por un lado, aumentamos el conflicto familiar y empeoramos las relaciones familiares. Por otro lado, corremos el riesgo de que terminen asqueando el acto de estudio y de preparación de exámenes. Si esto pasa, cuando llegue la adolescencia, que ya es de por sí una etapa de rebeldía y oposición, aumentará la posibilidad de rechazo ante el estudio diario. Es decir, para cuando de verdad necesiten ponerse a estudiar con antelación, no lo harán porque estarán asqueados ya de ponerse delante de los libros.



La cuestión es que en la etapa de educación primaria no se trata de que acumulen grandes cantidad es de información y de datos, sino de que comprendan el mundo que nos rodea y tengan una base en la que anclar los conocimientos futuros, más cuantiosos y especializados. Si cuando son tan pequeños les ponemos delante de un libro a repetir el tema, les estamos privando de esta base, porque tan pequeños quizás no entiendan bien lo que repiten y no se queden con casi nada para el futuro y llegarán a secundaria sin la base necesaria.


En lugar de crear un hábito de X horas al día o a la semana, por el simple hecho de tener una rutina y cumplir una norma, es mucho más importante que tengan un buen concepto de sí mismos. Si hay conflicto entorno a los deberes y exámenes y además repiten cosas que no entienden sólo para cumplir, llegará un momento en que se sientan incapaces o inútiles, sobre todo si va unido a malas calificaciones. Es mucho peor que tengan una mala autoestima a que no cumplan con un hábito supuestamente necesario.


Quiero hacer especial hincapié en lo de “supuestamente necesario” por todos estos años que llevamos acompañando estudiantes, porque no es cierto que si no adquieren el hábito de pequeñitos no podrán hacerlo de mayores. Hemos acompañado personas que han empezado a estudiar diariamente con 18, 20 o más años y no es cierto que les cueste más porque tienen un componente esencial, que es la consciencia y querer. El hacerlo porque quiero y porque siento que lo necesito es un motor muy potente y es eficaz a cualquier edad. El estudio no es una actividad que tenga fecha de caducidad, que si no lo aprendes antes de una edad después no podrás, sino que puedes en cualquier momento de la vida. La consciencia que se tiene con más edad hace que todos los procesos se agilicen y se perfeccionen con más facilidad porque el darte cuenta y ser consciente de lo que está pasando y poder analizarlo nos dará más facilidades. Es decir, con 8 años no sé muy bien para qué me tengo que poner delante del libro y lo haré seguramente para contentar a mamá, pero con 17 años ya sabré que necesito tener tal nota porque la necesito para acceder al grado que quiero.

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